EDIPO REY

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Para entender la obra de Edipo Rey, es necesario comprender primero lo que una tragedia griega es; del latín “tragoedĭa”, el término tragedia está asociado a un género literario y artístico del mismo nombre. Se trata del tipo de obra dramática con acciones fatales que generan espanto y compasión. Los personajes de una tragedia se enfrentan de forma inevitable contra los dioses o contra distintas situaciones de la vida, en hechos que los llevan hacia la fatalidad. El personaje principal de la tragedia suele terminar muerto o destruido moralmente. Sin embargo, existen las llamadas tragedias de sublimación, donde el personaje consigue convertirse en un héroe al desafiar todas las adversidades.

De acuerdo a Aristóteles, una tragedia está compuesta por tres partes: prólogo, episodio y éxodo. El prólogo antecede la entrada del coro (que, a su vez, se divide en párodo y estásimo) y aporta la ubicación temporaria de la historia. Los episodios muestran el diálogo entre los personajes o entre el coro y los personajes; esta es la parte más importante de la historia, ya que manifiesta el pensamiento del personaje principal. El éxodo es la parte final de la tragedia, donde el héroe reconoce su error y recibe el castigo divino.

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Tomada de: https://elcastillodekafka.wordpress.com/2012/10/07/lecturas-e-interpretaciones-del-edipo-rey-de-sofocles/

La tragedia de Edipo Rey, de Sófocles, es una de las más famosas obras en su género que existen, ya que no sólo en su época causó un grave impacto en la sociedad, sino lo sigue haciendo hasta la fecha, Freud con su complejo de Edipo nos lo demuestra. Para entrar en contexto de lo que esta tragedia representa hay que saber de qué trata. Por lo tanto a continuación dejaré una breve sinopsis de lo que es el argumento de la obra:

El rey Edipo envía consultar al oráculo de Apolo a Delfos, a su cuñado Creonte sobre una terrible epidemia que asolaba la ciudad de Tebas. El enviado especial llega al poco tiempo con la solución y, es que: para librase de la calamidad había que buscar a los homicidas del rey anterior, Layo, castigándolos con la muerte o con el destierro. Edipo, que se había casado con Yocasta, viuda de Layo y hermana de Creonte, no conoció a su antecesor y pide que le faciliten detalles del asesinato del que se trata, averiguando que Layo pereció en el camino hacia Delfos a manos de unos ladrones, cuando de ahí regresaba, según declaró entonces el único sobreviviente de los hombres que formaban la escolta.

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Posteriormente manda a llamar al viejo adivinador ciego, Tiresias, para que le ayude a descubrir al homicida, pero este se niega tercamente a participar en el asunto y accede sólo cuando se ve menospreciado y hasta insultado por el rey; se encara con él, le acusa de ser el asesino de Layo y le predice espantosas desaventuras para aquel mismo día. Edipo interroga a Yocasta sobre el asesinato de su primer marido, acoplando los datos que ella recuerda. Después de eso llega un mensajero de Corinto para anunciar la muerte del rey Polibio. A continuación se viene a integrar la historia siguiente:

Un oráculo predijo que el rey Layo moriría a manos de un hijo que tendría de su mujer, y para evitar que se cumpliera tan funesta predicción a los tres días de nacer el niño, lo pusieron en manos de un esclavo fiel para que lo dejará en un bosque solitario, más el esclavo se lo dio a un compañero suyo que era pastor de los reyes de Corinto, Polibio y Merote, quiénes Vivian apenados por no tener hijos; y su servidor les llevo al niño al cual criaron y educaron como legitimo descendiente.

Siendo ya adulto, le dijo un beodo en su festín que no era verdadero hijo de los reyes de Corintio, el mancebo quedó tan preocupado que acabo por abandonar la ciudad secretamente para marchar a Delfos y consultar al oráculo. Este se negó a contestar sus preguntas, sin embargo le predijo que mataría a su padre y se casaría con su madre. Enloquecido huyó de Corinto y vagó lejos de aquella tierra, para evitar e cumplimiento de las atrocidades vaticinadas por el oráculo.

Y un día hallándose cerca del camino de Delfos, estuvo a punto de ser atropellado por el coche en el que viajaba un hombre entrado en años, escoltado por un heraldo y dos servidores. Viéndose agredido por el viajero, se defendió lleno de cólera y con el bastón que llevaba mató a sus agresores, de los cuáles sólo dejó escapar a uno, el cual había contado que eran varios los asesinos con el fin de aminorar la vergüenza de la derrota. El rey Edipo se da cuenta de que aquella historia era la suya, quedándose consternado, puesto que él fue el niño abandonado por Layo, con los pies heridos. Se maldice a sí mismo al ver su fatídica suerte, y se considera el más miserable de los hombres. La desventurada Yocasta, enloquecida por el horror, muere estrangulada con sus propias trenzas. Luego Edipo se hiere en los ojos con los broches de oro que sujetaban el manto de su muerta madre y queda ciego.

Mi opinión al respecto de esta tragedia es que encierra en unas cuantas letras el horror que puede llegar a asechar a alguien, más en aquella época, en donde el incesto era algo escandaloso. Lo que esta obra nos demuestra es que en aquel entonces, en la Antigua Grecia, por su religión y creencias, consideraban que su destino dependía de los Dioses, por eso mismo los adoraban con tanto fervor, además de que la única manera de saber lo que ellos querían o pensaban era mediante los oráculos, dejando todo en las manos del Dios que más adoraran; ¡con razón tenían a todo un panteón viviendo en el Olimpo!

Y como toda buena tragedia, nos relata la inevitable conexión que existía entre el dolor y el destino, pregúntele a Edipo sobre ello. En ella podemos ver la fatalidad que puede encerrar la malaventura de una persona y que las riendas de su vida dependían más de la circunstancias y de la fortuna, que de las decisiones. Haciendo que si se quiere escapar del destino cruel, como lo intentó Edipo, al final no se logrará otra cosa más que cumplirlo, inclusive por distintos caminos.

En la actualidad se conoce más a Edipo por su complejo, según Freud, que por lo que Sófocles nos contó, sin embargo la historia va más allá. Nos enseña que si antes “no se podía” forjar tu camino o escoger el destino, ahora sí, somos libres para forjar nuestra suerte pues contamos con el libre albedrío.

“Puedes liberarte a ti misma cuando te dé la gana. Lo pone el contrato celestial que regula lo que llamamos el libre albedrío.”
-Elizabeth Gilbert

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